Leire Pajín, una pulsera Power Balance en el Ministerio de Sanidad

19 julio 2011

Carmen García Rivas

(Publicado en Atlántico Diario) Nos enteramos por la prensa de que el Ministerio de Sanidad reconocerá y regulará las llamadas «terapias naturales» o «alternativas». En septiembre tendremos acceso a la lista definitiva de las que serán reconocidas y reguladas por el Sistema Nacional de Salud, aunque la ministra Pajín ya ha confirmado que entre ellas se incluyen pseudomedicinas como la acupuntura o la quiropráctica.

            La razón de esta iniciativa es económica, ya que, sin duda, busca una recaudación a través de la regulación de este tipo actividades, que forman toda una economía sumergida en nuestro país. Sin embargo, lo que puede parecer una iniciativa para la ganancia significa abrir la puerta a más despilfarro de recursos de nuestro maltrecho Sistema Nacional de Salud.

           Las mal llamadas «terapias alternativas», entre las que podemos mencionar las citadas por la ministra y tantas como nuestra curiosidad nos quiera hacer descubrir (homeopatía, hipnosis regresiva, reflexología, flores de Bach, osteopatía, reiki...), tienen pendiente demostrar que posean alguna efectividad más allá del efecto placebo. Por populares que puedan ser, estas terapias no han demostrado con estudios serios más efectividad que la psicológica, por eso solo «funcionan» en males psicosomáticos y son incapaces de crear medicamentos reales, como antibióticos, vacunas, antigripales o un simple anticonceptivo.

            Esto bien lo sabía el anterior ministro de sanidad, Bernat Soria, un científico capacitado para su cargo, quien con mucha mano izquierda se cuidó de no resultar impopular al cerrar las puertas a estas pseudomedicinas, aunque se curó en salud al dejarlas en la práctica fuera de juego poniéndoles la condición de que «nuevos estudios garanticen su eficacia, la seguridad del paciente y comprueben la aptitud de los profesionales».

            Es evidente que no podemos dejar que se incluyan unas supuestas terapias en el SNS con un trato de favor, por la puerta de atrás de la ciencia mediante influencias políticas. Tienen que cumplir los mismos estándares que se le exigen a la medicina y sus principios. Y si no son capaces de demostrar siquiera que tienen algún efecto, invertir un solo céntimo en ellas es un disparate y una razón más que sobrada para exigir dimisiones a los responsables.

           Pero qué se le va a pedir a la ministra actual, una indocumentada que no tiene embarazo en mostrar en su muñeca una de las pulseras «Power Balance», un producto milagro denunciado como fraude sanitario por Facua y la OCU y condenado por varios gobiernos extranjeros, Consumo y su mismo Ministerio de Sanidad. Esta es la autoridad ignorante e incompetente que decide por nosotros, que nos gobierna a ciegas con el único criterio de las modas ideológicas.

            Estamos en estos momentos sufriendo recorte tras recorte, con la excusa de la crisis económica. Solo nos faltaba abrir ahora las arcas de la sanidad española a las «terapias alternativas». Sería un despilfarro de dinero que puede ser tan nocivo para la sanidad pública como estos recortes o las privatizaciones. Y no quisiera ya ni pensar en las consecuencias de franquear las puertas del SNS a tanto charlatán como hay infiltrado en este gremio, un verdadero peligro, como la prensa se ocupa de mostrarnos periódicamente.

            La falta de información precisa sobre los planes del Ministerio de Sanidad es preocupante. No sabemos si van a limitarse a recaudar de quienes ejerzan estas terapias, si pretenden darles a cambio un sello de respetabilidad gubernamental. Desconocemos si su objetivo es regular mejor estas actividades para proteger al usuario. O si están considerando dar el paso de integrarlas entre los servicios del Sistema Nacional de Salud.

            Habiendo asignaturas pendientes en nuestro sistema -y por poner un solo ejemplo mencionaremos la vieja reivindicación de la salud dental- es un disparate invertir un solo euro en estas supuestas terapias. Quien quiera permitirse la excentricidad de tratarse con terapias no científicas y sin verificar, debe pagárselo de su bolsillo, no con el maltratado dinero de los contribuyentes. En el Sistema Nacional de Salud, solo debe haber espacio para la medicina basada en la evidencia.

Carmen García-Rivas

Secretaria General Autonómica de SATSE