Laboral

Artículo de Opinión: Stop Agresiones. ¿Estamos locos o qué?

La secretaria provincial de SATSE en Pontevedra reflexiona sobre el tema de parar las agresiones a profesionales sanitarios, mayoritariamente enfermeras y enfermeros, a raíz de la última agresión sufrida en estos días por un enfermero de urgencias en el Hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo.
La agresión se llevó a cabo en las urgencias críticas del Hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo.

Acceso ambulancias en el Hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo

Cada vez que los profesionales de la sanidad leemos que han agredido a uno de los nuestros, se nos abre una herida en el pecho; te quedas frío, mientras lees la noticia, anonadado, incrédulo y tratas incluso hasta de justificar el hecho: “era en urgencias, seguro que no estaba en sus cabales el agresor” , “Igual era un enfermo con patología psiquiátrica, o alguien pasado de drogas o alcohol, con un estado de enajenación mental, no sabía lo que hacía, vaya por dios...”  

Te quedas frío, mientras lees la noticia, anonadado, incrédulo y tratas incluso hasta de justificar el hecho: “era en urgencias, seguro que no estaba en sus cabales el agresor”

Pues no, no y no

Flaco favor nos hacemos cada vez que minimizamos hechos tan graves como una agresión en la que te patean la cabeza, un intento de violación, o que te pongan en el cuello una cuchilla, que te saquen un cuchillo jamonero en medio del box de atención de urgencias, que te tiren a la cabeza lo que sea que tengan a mano, que te acorralen en una consulta de atención primaria, que te chillen por los pasillos... Y no me estoy inventando ninguno de estos hechos, todos y cada uno de ellos han ocurrido, sólo que no todos aparecen en prensa o se denuncian; que no lleguen a un juzgado para que no queden sin consecuencia estas acciones, no quiere decir que no hayan ocurrido. 

Cuando no hemos sufrido una agresión física parece que nos sentimos algo más afortunados que nuestros compañeros, y pensamos “bueno, visto lo visto, no puedo decir nada porque sólo me chilló, sólo sentí miedo, sólo pensé que me iba a pegar pero al final no sucedió”

Esta maldita empatía que tenemos, esta maldita vocación que muchas veces nos impulsa, y sobre todo, esta profesionalidad que nos obliga a racionalizar cada uno de estos ataques para poder sobrevivir y continuar con nuestro trabajo de una manera mentalmente estable no quiere decir que cualquiera tenga derecho a venir a nuestro trabajo y agredirnos, porque nos agreden, y por desgracia con más frecuencia que la que cualquiera pueda imaginarse.  

Pido a todo el mundo que se ponga en nuestro lugar: ¿ A cuántos compañeros de trabajo conoces que le hayan pegado un tortazo por hacer su trabajo? Nosotros conocemos mínimo a uno, y éso sin contarnos a nosotros mismos, porque cuando no hemos sufrido una agresión física parece que nos sentimos algo más afortunados que nuestros compañeros, y pensamos “bueno, visto lo visto, no puedo decir nada porque sólo me chilló, sólo sentí miedo, sólo pensé que me iba a pegar pero al final no sucedió” 

Estadísticamente hablando, las enfermeras y los enfermeros somos el colectivo sanitario que más agresiones sufrimos en el ejercicio de nuestra actividad profesional; también somos los profesionales que más abandonamos nuestra profesión porque no podemos más. Quizás estos datos necesiten una adecuada reflexión. 

STOPAGRESIONES